Herederos de Rodolfo Fogwill donan su archivo de escritor a la Biblioteca Nacional

En la Sala César Tiempo de la Biblioteca Nacional su director, Juan Sasturain, recibió de manos de los cinco hijos del escritor las más de quince cajas del Archivo Fogwill, un relevante aporte para la preservación y cuidado del acervo literario del país.

El Archivo fue pensado, desarrollado y preservado por Andrés, Vera, Francisco, José y Ana Fogwill, sobre una importante base documental generada por el mismo escritor, como un modo de preservar su legado literario y facilitar al público y estudiosos el acceso a su mundo interior y creativo.

El material recopilado ha sido fruto de una profunda búsqueda y recuperación de materiales inéditos, manuscritos, fotografías, videos y documentos digitales y diversas fuentes y fue concebido y organizado bajo la supervisión de Verónica Rossi, con la aplicación de principios gestores de alta calidad y profesionalismo.

Para su definitivo ordenamiento, puesta en valor, catalogación definitiva y posterior donación gratuita, los herederos designaron a la Asociación Tácita Buenos Aires Plataforma Cultural, la que contó con el apoyo de Mecenazgo Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el aporte del Banco COMAFI.

Rodolfo Fogwill es una de las figuras más destacables y emblemáticas de la literatura argentina de los últimos setenta años. Su obra comprende numerosas novelas, libros de relatos y de poesía, entre los que sobresalen Mis muertos punk y Vivir afuera, todas dotadas de un afán innovador y disruptivo. Su novela Los pichiciegos, escrita durante la guerra de Malvinas y con el mismo conflicto como eje narrativo, ha sido considerada como la primera ficción escrita y una perdurable y perturbadora reflexión sobre la guerra.

Durante la firma del convenio de donación, el director de la Biblioteca Nacional Juan Sasturain, afirmó: “El Archivo Fogwill pasará a engrosar la nutrida colección de archivos de personalidades políticas, culturales y literarias que atesora la Biblioteca Nacional y muy pronto, dada la relevante labor previa de ordenamiento llevada a cabo por sus herederos, será abierto al público en una muestra especial, en los salones de la misma Biblioteca".


"Fogwill es y será, por definición, inarchivable. Incluso sus presentes cosas lo son. Porque todo lo que la palabra archivo connota en una primera resonancia -clausura, cierre e inventario para una memoria eventual, polvo y encierro- nada tiene que ver con él, con su literatura vivita y coleando, agresivamente incontrolable, inarchivable digo. Por eso en este acto memorable en que agradecemos el privilegio de recibir cosas en las que dejó su impronta y su huella, no podemos garantizar que no serán alteradas. Cada uno que se asome y las revuelva y se revuelva, las volverá a hacer crepitar con la lectura, sintiendo el cosquilleo de su mirada presente y socarrona. Y agradecerá que cada acercamiento sensible e inteligente las altere, las convierta en otra cosa. Cualquier cosa menos una tonta ficha, un impecable documento intacto, cualquier forma de erudición ortopédica. Embalsamadores, abstenerse. Estos archivos están vivos”.     

                                                                                                                       Juan Sasturain

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